
¿Por qué su baño necesita algo más que solo una “lámpara de calor”?
La mayoría de nosotros pensamos que esos calentadores de baño son un lujo, algo que nos ayuda a no tiritar al salir de la ducha. Pero si miramos más de cerca, se trata menos de comodidad y más bien de controlar el caos que se genera en una habitación húmeda. Al diseñar estos dispositivos, no estamos tratando simplemente de calentar el ambiente. Estamos luchando contra el moho y esa humedad pegajosa que permanece en las paredes y suelos.
Secar todo de manera eficiente
Aquí está el secreto: utilizamos radiación infrarroja. No dejen que la ciencia los aburra. Lo que significa es que, en lugar de calentar simplemente el aire, que normalmente se eleva hacia el techo, este calor afecta directamente al agua. Calienta rápidamente los azulejos y paredes húmedas. Una vez que esas superficies se calientan, el agua se evapora. Simple. Y como al moho le gustan los rincones fríos y húmedos para vivir, mantener las paredes calientes significa que el moho tiene que buscar otro lugar donde vivir. Así, la habitación se mantiene seca y fresca, en lugar de oler como un vestuario.
¿Se romperá el aparato?
El agua y la electricidad son una combinación problemática. Por eso construimos estos dispositivos según las normas IP65. En términos sencillos, están bien sellados. El polvo no puede entrar, y unos cuantos chorros de agua no dañarán los circuitos eléctricos. Un consejo rápido: revise la potencia del dispositivo. Una lámpara de alta potencia puede calentar la habitación en segundos, pero también puede ser peligrosa para los cables eléctricos. Si los instala en un edificio comercial o en un hotel grande, asegúrese de que sus interruptores puedan soportar esa carga inicial de energía cuando encienda el aparato.
El compromiso
Los calentadores por radiación infrarroja son increíblemente rápidos. Alimentados, alcanzan su temperatura máxima casi al instante. Pero hay un problema: en cuanto se apaga el aparato, el calor desaparece. No tendrá ese calor constante que ofrecen los radiadores tradicionales. Por eso, no puede apagar el calentador tan pronto como termine de ducharse. De lo contrario, la humedad restante se acumulará nuevamente en los azulejos fríos. Deje que el aparato siga funcionando un rato más. Así, la habitación se secará realmente. Sus paredes… y sus pulmones, se lo agradecerán.